Dar y Recibir

Dar y Recibir - La dificultad del intercambio

Dar y recibir expresa la dificultad del intercambio ya que cuando pedimos exigimos más de lo que creemos y cuando damos luego lo reprochamos.

Dar y Recibir - La dificultad del intercambio


La dificultad del intercambio

  • Dame lo que necesito aunque no sepas que es. 
  • Te doy lo que no necesitas recibir pero yo decido darte.
  • Dame lo que necesito aunque no sepa que quiero.
  • No merezco lo que me das.


A menudo, los seres humanos pedimos aquello que carecemos, y en muchas ocasiones somos capaces de mendigar por obtenerlo. Otras, lo construimos para el otro pues al ofrecerlo podremos exigir una muy buena paga. Al fin y al cabo se trata de desprendernos de lo que necesitamos. Un acto de manipulación y extorción teñido de solidaridad.

Lacan decía: 

El Amor es dar algo que no se tiene a alguien que no es.

El otro es la perfecta proyección creada para satisfacer nuestros deseos, muchas veces devenidos en caprichos, nuestros miedos en ocasiones transformados en ansiedades, nuestros dolores convertidos en una agonía crónica y paralizante.

Indagar qué hay detrás de aquello que niegas, interrogar qué ha edificado la culpa que sientes que delata tu falta de amor propio, investigar qué ha construido tus temores más secretos, preguntar qué ha desarrollado tu vergüenza que ha mutado en profundas inseguridades...

Cuando logras hacerlo adquieres el coraje de enfrentar las duras verdades que rechazas, cuestionas tus creencias, afrontas la realidad y decides ir más allá de tu ego.


Dar y Recibir 

El intercambio de dar y recibir es muy dificultoso, lejos de ser una melodía de bellos acordes está minada de ruidos, obstáculos y malos entendidos. Esas falencias en la comunicación nos deja entrever que tras las palabras, se esconden emociones, recuerdos, conflictos sin resolver. Muchas veces desconocidos para el propio sujeto.


Dar y Recibir explicaciones

Existen personas que se mueven por el mundo dando explicaciones a todos por todo, son fundamentadores de todos sus actos, justificadores de todas sus elecciones y acciones. Nadie les pide que expliquen nada sobre lo que dicen, piensan o hacen y sin embargo, incontrolablemente se justifican.

En contrapartida están los sujetos que exigen explicaciones por todo, ya que "Todo" tiene un motivo de ser, y ellos quieren ser conocedores de dicha verdad. Parecen detectives insatisfechos con cualquier dato que obtienen. Pues para ellos siempre hay algo que permanece oculto.

Quienes no nos piden una explicación es porque sencillamente no la necesitan, quienes las exigen no las creen. Entonces ¿por qué las pedimos?, ¿por qué la damos?


Dar y Recibir dinero y regalos

Los objetos son dignos de valor por lo que son en si mismos o bien por lo que pueden representar. El dinero nos permite pagar o cobrar el precio para la obtención de una cosa o servicio. En el caso de los regalos, estos simbolizan donaciones afectuosas.

En ocasiones a la gente le cuesta recibir el pago correspondiente a una operación que han hecho o bien les cuesta aceptar un regalo. La situación les incomoda, hay una sensación de no poder tomar aquello que se les ofrece como si no lo merecieran. Lo rechazan y en dicho acto se rechazan por la falta de merito para obtenerlo. Detrás de esta escena hay sentimientos de culpa, inseguridad, vergüenza y mucho temor. Como si se expusieran a la humillación de poner de manifiesto alguna fragilidad que el otro intenta paliar.

En contrapartida, están quienes demandan la tenencia de lo que pueda llenar su vacío interno. Acaparan, guardan eternamente y les cuesta soltar. Y en la misma línea que no pueden desprenderse de aquello que sienten que les pertenece, piden desesperadamente pequeños gestos de cariño, una caricia, un objeto por el cual el otro exhiba que siente interés por él.


Dar y Recibir respeto

El respeto puede convertirse en una soga que nos comprime el cuello y no nos deja respirar cuando lo utilizamos para manipular al otro o a nosotros mismos, obligando-lo/nos a que por respeto no obre/mos como quiere/queremos sino como se le/nos ordena.

Cuando decimos respeto parece que sobre el término gira una valiosa y positiva emoción, pero tenemos que decir que tras el concepto también se erige la idea de sumisión, acatamiento y tolerancia. Todas estas aceptaciones desubjetivan a cualquier persona que se halle limitado en su libertad de acción.

Al solicitar el respeto ante otro, hay que plantearse dos preguntas antes: ¿ me respeto?, ¿respeto al otro?


Dar y Recibir agradecimiento

Un punto muy importante es el sentimiento sincero de agradecimiento que emana del corazón de una persona que detecta la colaboración que otro ha tenido para con él. 

Pero...

 ¿Qué pasa con aquellos van por la vida repartiendo favores, para sentirse al menos por un momento reconocidos?

¿Qué pasa con quienes no son capaces de mirar que el otro les tiende una mano y se aprovechan cada vez que les resulta oportuno?

Finalmente diremos:

¿Qué pasa con las personas que no pierden ocasión para refregar al otro lo que hicieron por él?

El agradecimiento se vuelve una poderosa expresión de tener la sartén por el mango. Agradecer y poder se enlazan para generar que la escena acabe siendo displacentera de la que, quien queda en el lugar de sometido, desee salir corriendo.


Dar y Recibir tiempo y espacio

El tiempo es una construcción humana absolutamente subjetiva. Mientras para algunos pasar el tiempo con alguien es "perder el tiempo", o lentificarlo por el padecimiento que conlleva; para otros, es disfrutarlo aunque sientan que nunca alcance, y  desean que este se extienda porque transcurre demasiado rápido, tanto que escapa entre sus dedos.

Donar tu tiempo representa un gesto de amor, porque pudiendo hacer otra cosa con él, elegís compartirlo con alguien. Sin embargo, hay quienes no son capaces de ver esto y reclaman un trabajo a tiempo completo, una relación 24/7, una atención full time.

Por eso existen las suspensiones en los deportes, en los trabajos y los pedidos de "necesito un tiempo" en la relaciones, pues en dicho espacio se espera arribar a una reflexión que de otro modo no podría lograrse. 

Lo mismo sucede con el espacio. Cada uno posee su propio espacio vital. Uno decide con quien comparte tal lugar, a quien le abre las puertas para que se introduzca en su mundo. Pero todo se arruina cuando el espacio vital de uno se fusiona tanto con el espacio vital del otro que provoca el borramiento de los espacios singulares para dar paso a un espacio colectivo, invasivo, que no abriga a nadie y en cambio aprisiona. Cabe aclarar que el espacio compartido es beneficioso, siempre y cuando no ponga en riesgo el espacio personal.


Dar y Recibir amor

Toda demanda es una demanda de amor.

Si una persona ama y no es correspondida se siente vacía. Porque da y no recibe nada a cambio. Son servidores de todos los deseos del otro, en su interior anidan la esperanza de algún día ser retribuidos por su abnegada vocación humana de amar incondicionalmente.

En contra posición se encuentran los que viven de la energía y del amor de los demás, son auténticos caníbales que devoran al otro poco a poco, con tal estrategia que, siempre encuentran el modo de perpetuar su sed inagotable de sometimiento sobre su ser amado.

Solo ama quien es capaz de amarse a si mismo. Solo ama sanamente quien puedo enfrentar y liberar el desamor que marcó su vida y que le obligó a entender que cuando el otro no me da lo que quiero es porque no tiene la necesidad de hacerlo, porque no puede o bien porque no le interesa. 

El amor que siempre prevalece si sabemos cultivarlo, es el propio. El amor exigido no es amor, es temor o abuso de poder.


Lo que resiste, persiste. Por eso desiste

En el momento que ya no quieres vivir en conformidad con tus fantasmas, cuando descubres que puedes vivir de un modo más placentero aprendes a mirarte sin prejuicios, a valorarte a ti mismo. En momentos donde la vida se desploma sobre ti, tienes que saber que haz librado mil batallas y todavía estás aquí, herido pero vivo. Tu no necesitas de nadie para continuar. 

Cuando puedes estar en paz contigo entiendes que es vano buscar el reconocimiento del otro sino logras tu propia aprobación. Cuando alcanzas este estado de equilibrio ya no buscas que el otro te dé lo que te falta, sino que ayudas al otro a que aprenda a encontrarlo, en su interior, tal y como vos pudiste hallarlo.

A veces estigmatizamos el mundo que nos rodea y lo acusamos de hostil cuando en realidad todo lo que percibimos a nuestro alrededor es el fiel reflejo de nuestro mundo interno que ha sido proyectado afuera. La realidad adquiere su connotación según lo que nosotros le adjudicamos emocionalmente.

Es por esto, que es fundamental ver la realidad factiblemente. Lo cual se alcanza mediante una mente inspirada que comienza a tener objetivos elevados, a la altura del nuevo ser armonioso en el que te has convertido.


Pasaje de lo inconsciente a la consciencia. Elevación de tu consciencia hacia la autoconsciencia

Inconsciente: el mundo inconsciente está formado por todas las emociones hostiles, peligrosas y dolorosas que anidan en nosotros. Ellas actúan sin nuestro consentimiento, más allá de nosotros, sometiéndonos a sus designios, arrastrándonos con ellas.

Para acabar con dicho sometimiento es necesario sacarlas a la luz.

Consciencia: cuando podemos tomar consciencia de las emociones que nos habitan, es que logramos poner a las emociones en perspectiva. Pasamos de ser esclavos emocionales a ser sujetos integrales que lejos de negar sus emociones, las reconocen y aceptan.

Las emociones están allí por algo y es importante saber porqué. 

Autoconsciencia: La autoconsciencia permite que mi consciencia se expanda. Me reconozco en aquello que pienso y siento, me comprendo en mi forma de actuar porque sé qué es lo que ha estado gestando todos esos sentimientos. Llegado a este punto decido qué deseo conservar y qué voy a liberar para poder vivir plenamente y en paz conmigo, para que al interactuar con otro no le exija a este que resuelva mis conflictos mentales y emocionales.


Tomar conciencia es sanar

La terapia es el espacio de incomodidad que nos permite avanzar en nuestra sanación.

El primer paso es desear y animarte a conocer y develar lo que te has ocultado durante años. Al hacerlo descubrirás que hay mucho más en una situación de lo que puedes o te atreves a percibir.

Una siguiente etapa constituye en crear un lugar seguro para habitar, para refugiarnos en la desdicha y para atesorar nuestros momentos de plenitud. 

La última fase es invitar a dicho espacio a las personas que nos rodean para que en ese lugar puedan ser ellos mismos y así propiciar vínculos genuinos y sanos.


Palabras finales

Cuando damos y recibimos proyectamos nuestro verdadero estado mental, nuestro verdadero estado emocional, y nuestro verdadero estado espiritual. Porque cuando pedimos manifestamos nuestras carencias y paradójicamente cuando damos también. Pues en dar al otro se expresa nuestra imperiosa necesidad oculta de solicitar aquello que estamos ofreciendo, porque al darlo quedamos vacíos. El otro pasa a estar en deuda con nosotros. 

En cuanto nos negamos a recibir, estamos visibilizando nuestra falencia para aceptar y acoger aquello que está en juego. La falta de autoestima perturba la recepción amable y sincera de amor, agradecimiento, obsequios... Simplemente porque el sujeto se siente indigno y no autoriza la retroalimentación del intercambio.

El vampirismo emocional también conlleva al fracaso comunicacional pues uno de las personas queda en el lugar activo de sujeto deseante y el otro en su mero objeto de deseo, a merced de todas las solicitudes que pasivamente intentará responder .

En el intercambio de dar y recibir se ponen en juego nuestras miserias para que el otro las colme, o bien,  para que no las transite como a nosotros nos ha tocado hacerlo. Entonces se movilizan nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestros dolores y le pedimos, diremos exigimos, al otro que los cure, que nos sane y que además nos entregue su amor, aunque dicha entrega nos deje insatisfechos, aunque dicha entrega sea finalmente rechazada o reprochada.

La dificultad del intercambio sucede porque al interactuar nos mueve "la falta", una falta  que añoramos que el otro pueda saciar. Y hacemos de este deseo, la ineludible misión y obligación del otro.

Sanar es dejar de buscar afuera, porque lo que buscas no está en el otro, lo que buscas ya habita en ti.



Lic. en Psicología

Siomara Gauna