NO quiero hablar de eso

NO quiero hablar de eso
NO quiero hablar de eso

¿Qué se esconde tras el enunciado, NO quiero hablar de eso? 

"NO quiero hablar de eso", es un artículo que vengo pensando escribir hace un tiempo. La frase se escucha con mucha frecuencia en las sesiones de los pacientes, y emerge cuando estos se sienten acorralados entre enfrentar sus conflictos mentales y emocionales; o seguir viviendo a merced de sus designios y mandatos.

Existe una idea romántica sobre hacer terapia y está ligada a ver al profesional como un héroe que nos viene a rescatar de la vida miserable que llevamos, pero la realidad es que el único sujeto con tamaño poder es la persona misma. El psicólogo acompaña, ayuda a indagar y visibilizar lo que está o viene sucediendo, adentrándose en lo profundo de nuestro ser a través de las palabras, gestos y silencios que se producen en el intercambio comunicacional. 

El profesional está allí para que la persona que consulta aprenda a escucharse: a escuchar las creencias limitantes que sostiene, los mandatos que obedece, los traumas sin resolver que tanto lo atormentan, los síntomas que padece. En fin, el paciente tiene que conectar con lo que piensa y siente, enfatizando por sobre todo en aquello que precisamente no quiere hablar.


¿Por qué nos negamos hablar de determinadas situaciones o temas en terapia?

La respuesta es sencilla, porque no queremos volver a sentir el dolor que estas temáticas tiene en nosotros. Y concluimos que silenciar ciertas cuestiones nos alejan de la angustia que nos producen. Sin embargo, callar el dolor no es la solución al problema. Muy por el contrario, lejos de desaparecer, lo acrecienta. 

Ante la intervención de profundizar en un recuerdo, el paciente inicia una reacción de inquietud que tras pasar los segundos se comienza a volver insoportable... El sujeto ingresa en una fase de estrés que se expresa a nivel neuronal y somatosensorial. De repente la persona que tenemos frente dejó de ser la que recibimos al comienzo de la sesión, su mirada ha cambiado, su pulso se ha acelerado y se despliega de un modo poco habitual. Sus sensaciones es que ya no está allí, está en otra escena, en "la escena" que desencadenó todo. Y nos pide cual niño pequeño que volvamos a encender la luz, porque los fantasmas que tanto lo atormentan están ahí frente él.  Al decir "NO quiero hablar de esto", podemos leer e interpretar, "Sácame de acá", porque lo que sucede no es que la persona se niegue a entrar en ese lugar oscuro, cual "No quiero meterme en ese lugar", cuando la persona pronuncia "NO quiero hablar de eso", ya se encuentra ahí.

Nuestro inconsciente es atemporal, no se maneja con la lógica que nos movemos en nuestros estados de vigilia. Pasado, presente y futuro no existen, todo acontece en un continuo presente. Esto explica porque en ese instante, el consultorio dejó de ser un lugar seguro y pasó a ser las fauces mismas del león. Si hiciéramos un análisis de laboratorio antes de ingresar a la consulta y en medio de este recuerdo del evento conflictual sin dudas el resultado sería una reacción química impactante.


¿Cuál es sentido de volver a lugar donde tanto hemos sufrido y agregamos aun seguimos sufriendo?

No es posible sanar algo sin antes atravesar el dolor que dicha situación provoca. Para poder soltar algo que nos lastima, antes hay que reconocer qué eso es que nos hace tanto daño. Para lograrlo hay que tomar contacto con las sensaciones que el suceso nos provoca, volver a transitarlo. Pero en esta oportunidad ya no se realiza ese recorrido solo, sino con herramientas terapéuticas y por sobre todo, de la mano del terapeuta que dirige hasta dónde es conveniente caminar y desandar dicha situación traumática. Siempre se camina al ritmo del paciente.

Cerrar los ojos y volver al lugar, observar dónde es, quiénes están, qué están haciendo, que olores hay en el recinto, qué se logra escuchar, qué visten las personas que están allí, cómo se siente la persona en cada momento si presenta molestias para respirar o dolores corporales. Es importante que la persona pueda relatar todo con el mayor lujo de detalle para que no sea necesario volver allí.

El paciente se está encontrando con la escena que durante años evitó, y tiene la posibilidad de hablar, probablemente por primera vez, sobre qué pasó por su cabeza mientras todo ocurría, qué emociones lo invadieron, qué sintió en el cuerpo, qué quiso hacer y no pudo, qué quiso decir y no pudo...

"NO quiero hablar" de eso es perpetuar un silencio que en otro tiempo no tenía otra alternativa. Hoy la persona PUEDE hablar de eso, el dispositivo terapéutico implica darle una habilitación al sujeto para que se permita hacer y decir lo que no otro momento no pudo hacer ni decir. Pero además, el profesional acompaña al paciente a que pueda entender que hoy se ha vuelto NECESARIO hablar de eso. Puesto que es la única manera de ponerle un límite al tormento que día a día le hace padecer. 

Hoy es NECESARIO HABLAR, pues al hacerlo se destraban los obstáculos que me impiden SANAR. 
Podemos concluir, que cuando un paciente nos dice: "NO quiero hablar de eso", tenemos que respetuosamente asistirlo y conducirlo a que puede romper con sus resistencias psíquicas para poder alcanzar la anhelada liberación que tanto requiere y que le brindará una vida más plena y sana. De algún modo, el sujeto quedó detenido allí, por eso hay que volver a tal lugar, para rescatarlo de una vez por todas (las que cotidianamente se mete ahí). Pero antes de irnos, hay que mirar con todos los sentidos lo que estamos abandonando para poder soltarlo realmente.

NO quiero hablar de esto es la clave que a los psicólogos nos permite inferir por dónde tenemos que ir, pues al decir "NO quiero hablar de esto", estamos en presencia de un "NECESITO hablar de esto" encubierto. Frente a su declaración no debemos retroceder, al sujeto le costó mucho llegar a expresarlo, ahora solo resta abordarlo para sanarlo y de ese modo se abandonará la huida, el ataque y culpabilización al exterior por los propios conflictos. En su lugar, se desarrollará el empoderamiento.

"Empoderarte comienza por quitarle el poder que le cediste al otro y afianzarlo como un recurso personal para salir adelante ante cada situación que la vida te proponga. De ese modo podrás enriquecerte con cada experiencia que transitas saliendo fortalecido con un aprendizaje que hará que ante todo siempre seas respetuoso contigo promoviendo un estilo de vida saludable, libre y pleno. Entonces, aunque duela e incomode, HABLA DE ESO".